Un día 1 de febrero de 1979 vendría al mundo el que fuese el más pequeño de 4 hermanos. Una ciudad (Sevilla), un pueblo (Gerena) y una familia (los Alonso Márquez), sin ningún tipo de dudas, un regalo divino.
Como la inmensa mayoría de los niños de aquella época crecí en el seno de una familia católica, con enraizadas creencias y hábitos religiosos, hábitos que con el tiempo he sabido valorar y perder, uno de ellos era el de ir junto con mis padres Alfredo y Pilar, todos los domingos a misa, tal era el compromiso de mi madre con sus creencias y la iglesia, que en cuanto tuvo oportunidad se hizo catequista, a partir de entonces además de los domingos yo tenía que ir también los sábados, no contenta con eso, se proponía que yo fuera monaguillo, las palabras del cura de mi pueblo, el hermano Don José, se me fueron quedando incrustadas hasta el punto de ir diciendo yo la misa a su vez, así fui el niño mas preparado que hizo la comunión en toda la historia de esta, y no solo la hice una vez, sino que la hice 3 veces, un poco desmesurada mi madre con este tema, pero cosa que aún hoy en día se lo agradezco, porque me ayudó a saber y a entender sobre la religión, pero desde luego no de la forma que ella esperaba, si algo esta claro es que para poder hablar tanto bien como mal de una cosa, lo primero es saber de lo que se habla. Eso si, el "Dios te va a castigar" que me decía mi madre, es una buena forma a mi parecer de tener a los niños controlados sin tener que castigarlos tu.
Los chiquillos de aquellos entonces, donde la tecnología brillaba por su ausencia y en la tele solo había un canal (TVE), y un programa para niños (barrio sésamo) sabían como entretenerse, juegos como la lima, el trompo, las estampitas de futbol (donde ya empecé ágil mente a engañar a mis amigos para no tener que comprarlas), las chapas, el escondite, poli-ladro, gallina ciega y muchos mas, hacían que estuviéramos en la calle hasta altas horas de la noche, claro que entonces casi no había coches con el peligro que eso conlleva y las familias se sentaban a tomar el fresquito en la puerta de la casa, casas con las puertas siempre abiertas y sin rejas en las ventanas.
Los amigos que se tenían eran los de tu clase y los de tu barrio que algunas veces solían coincidir, normalmente amigos de la misma edad, y también amigas pero eran las menos veces las que jugábamos con ellas, y cuando así era, eran juegos con fines no amorosos pero si de tocamientos y besos, eso si, en la mejilla. Mi primera bicicleta (motoreta 3) era la que mas pesaba del mundo, aún recuerdo con siempre me quedaba atrás, y la ropa por supuesto eran de mis hermanos, no importaba que el mayor me sacara 17 años.
También recuerdo como mi hermano Colón, el que va justo por arriba mía, 11 años de diferencia, solía hacerme llorar, supongo que para divertirse, y no solo eso, sino que cuando venían sus amigos y se iba a la parte de arriba de mi casa, me llamaba, y yo como no, un niño con 7 años, la verdad es que muy simpático y parlanchín, subía sin pensármelo y una vez allí hacía todo lo que me decían, me daban de fumar, me disfrazaban, imitaba a tejero y todos los que me decían, en fin, si hubiera cobrado por cada actuación habría tenido dinero para comprar estampitas de fútbol.
Aquellos inolvidables años